Tuesday, June 1, 2010

La existencia de la belleza



“No se puede vivir como si la belleza no existiera”. Era la frase del poeta Luis Rius Azcoita, que enmarcaba el escenario de aquel casi olvidado “Unicornio” que regenteaba Germán Dehesa y que después tomaría el nombre de “La planta de luz” ya en los terrenos, de plaza Loreto al sur de esta ciudad. Era por mucho mi frase recurrente y favorita, para salvaguardar el optimismo, tanto el propio como el ajeno. Acudía a ella, cada vez que se debilitaban los argumentos, vapuleados por la crueldad y la intolerancia humana. La planta de luz cerró sus puertas hace prácticamente un año, pero el desprecio entre homínidos sigue más presente que nunca.

Estamos a un año del incendio en la guardería ABC, a seis meses del asesinato de 13 jóvenes en Ciudad Juárez, más de un mes del derrame de crudo en las aguas del Golfo de México, donde al menos 11 trabajadores desaparecieron y 17 resultaron heridos tras la explosión, sin contar con los irreversibles daños ecológicos. Acabamos de enterarnos; de la narcofosa con más de 40 cadáveres encontrada en Guerrero, la muerte a golpes de nuestro paisano Anastasio Hernández Rojas, por policías norteamericanos y a todo esto, se suma el asalto al barco turco, la madrugada del lunes, por comandos israelíes matando por lo menos a 19 pacifistas en aguas internacionales.

Hemos sido rebasados por el asombro y la indignación, ¿que mas debe pasar? en este país y en el mundo para que ese gigante dormido, que alguna vez Saramago llamo “la pequeña gran superpotencia” -La sociedad civil- despierte ¿será que el trovador chileno tiene razón? cuando canta:

Mi pobre pueblo se arrastra

Por donde escupe el rico

Le besa la mano a cambio

De un poco de pan

Sospecho le acomoda la miseria

Pareciera mejor ser borrego a pelear



Mi pobre pueblo no arriesga

Acepta vivir sumiso

Prefiere inclinar la vista

Y no desafiar

Su dignidad cuelga entre pan y circo

Pareciera mejor ser borrego a pelear…



A veces me levanto mas entristecido que otros días, a veces cuesta creer que tenemos solución, a veces los pequeños destellos de belleza, no son suficientes, a veces la tristeza es tal, que los ojos se hacen de agua, al leer a Octavio Paz:





Canción mexicana

"Mi abuelo, al tomar el café,

Me hablaba de Juárez y de Porfirio,

Los zuavos y los plateados.

Y el mantel olía a pólvora.



Mi padre, al tomar la copa,

Me hablaba de Zapata y Villa,

Soto y Gama y los Flores Magón.

Y el mantel olía a pólvora.



Yo me quedaba callado:

¿De quién podría hablar?





















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