Tuesday, April 20, 2010

¿Quién me ha robado el mes de abril?

































Soy de gustos musicales bastante predecibles, prácticamente me gusta el mismo género desde los quince años, en este rubro soy… digamos un ¡testarudo conservador! Y bien que mal, he logrado sobrevivir, sin mayores sobresaltos.

Cuando por alguna razón me encuentro involucrado en discusiones por gustos musicales, apelo al compromiso social, inteligencia incluso poesía, de mis cantautores favoritos y normalmente salgo bien librado de ese bizantino debate. (Obviamente en los casos, cuando el adversario es un amante y conocedor de la llamada música clásica, solo entonces recurro a la estrategia de la graciosa pero efectiva huida).

Por esto y muchas cosas más (como diría el clásico navideño) en este momento me siento desamparado:

¿Qué paso? ¿Qué oscuros motivos llevaron a Joaquín, a visitar al inquilino de los pinos? ¿Pero qué necesidad? Diría el Juanga.

He leído y releído las crónicas, intentando encontrar una valida razón para tan insólito hecho, pero no doy pie con bola.

Y como seguramente mis detractores, ya estarán ansiosos de cuestionarme ante tales acontecimientos, me he propuesto elaborar una lista de las posibles causas que llevaron a Sabina a decir que si, al convivio en (glup) los pinoles.

a) La invitación llegó en forma de narco-manta firmada por el mismísimo Chapo (¿Cómo negarse?).

b) Todos estos años por una u otra causa, se le habia cebado el affaire con la Tania Libertad y como esta es su última gira, pues…

c) Por la tremenda cruda que seguro traía, se dejo conducir por el Gómez Mont y el Calderón, al confundirlos con personajes de South Park.

d) O simplemente a lo mejor es cierto, ¡las drogas destruyen!

Cualquiera que sea la razón verdadera, para que tan entrañable músico haya hecho lo que al final hizo (o para ponerlo en palabras de su anfitrión “haiga sido como haiga sido”). Joaquín es y será uno de mis compositores favoritos.

Sin embargo al menos lo que resta del mes, he decidido no escuchar nada de Sabina hasta que se me quite este mal sabor de boca.

¿Quién lo hubiera imaginado? que el propio autor fuera capaz de robarme el mes de abril.









































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